
Desde hace unos años, cuando Argentina recuperó su lugar de exportador y la exportación volvió a ser, luego de varias primaveritas en Miami, motor de nuestra economía, empezamos a consumir, en casa y más caros, los productos de exportados como productos de lujo. Afuera va lo mejor porque el señor productor no quiere arriesgar a su cliente dolar(euro)izado y deja en el país carne, vinos, frutas y verduras de segunda calidad. Para consumir lo que debería ir para afuera, tendríamos que estar dispuestos a pagar casi cuatro veces más.
El FCB, desnudando la hipocresía con que enarbola la bandera de la independencia catalana arremetiendo contra el franquismo del Real Madrid, compra y vende por miles de millones y hace felices al mercado y a Unicef, aunque ningún chico desamparado del mundo coma por su causa como comería en la Masía. Messi, producto hormonal de toda esa maquinaria, brilla en su FCB para los que pagan su entrada... En euros. Nacido en Argentina y exportado a Europa para que la potencial joya creciera artificialmente, hoy devuelve la millonaria inversión que en él se depositó gambeteando en euros por las canchas del viejo continente.
Se ha transformado, de un tiempo a esta parte, en el niño mimado de su equipo, de su club y de las corporaciones que patrocinan a unos y otros. Tan es así que no sólo de fintas y goles se trata la cosa sino que además tiene la curiosa cualidad de ser conocido por sus caprichos. El mismo Guardiola dijo que para la próxima temporada espera que el niño no se aburra y “que seamos capaces de que se sienta cómodo porque cuando eso pasa, Leo no falla". Ergo, si eso no pasa…
Los 24 años que ha cumplido el último 24 de junio demuestran que desde hace mucho debió haber dejado de ser el chico malcriado al que se le deben tolerar tantos desplantes. Sin embargo, aunque su figura ha crecido mundialmente y su juego ha mermado en la ambición individual para contribuir al juego colectivo, no ha madurado en su faceta de hombre-futbolista. Ni adentro ni afuera de la cancha: el para muchos mejor jugador del mundo –indiscutido en dominio de pelota y rapidez- no se ha calzado la banda de capitán (¿lo de Grecia se cuenta?) ni ha asumido el mando de un equipo jamás.
Nada ha cambiado, más allá de dejarse crecer la barba rala –quién sabe si sin hormonas no sería todavía lampiño-, respecto de aquel adolescente que en cuartos de final del mundial de Alemania 2006 hacía pucheritos apartado del banco: no le interesaba la derrota de la selección sino su derrota personal. Cosas de chicos, se dijo en su momento. Claro, porque las tintas se cargaban contra otro.
Sin embargo, a la selección la sigue desvelando por qué Messi no rinde acá como en Europa. Depuesto Basile por el descontento de la joya y sus secuaces, Maradona quiso hacer de Verón su Xavi y Batista seducir al mocoso con esquemas a lo FCB; cada maestro con su librito y su fórmula mágica, pero nadie lo logró. El niño prodigio sigue empacado en la selección a pesar de los esfuerzos por consentirlo.
En Argentina creímos comprar ese producto argentino de exportación y esperamos que brillara acá como allá. Para nuestro pesar, nos tocó ver a un Messi devaluado, una versión comparable a la carne que el buen ganadero decidió dejar acá para que la compremos nosotros con nuestro maltratado peso argentino. Aunque sus caprichos son los mismos, el precio es otro y otro es, por lo tanto, el sacrificio del consentido dentro de la cancha.
Hoy, las palabras de su técnico suenan a advertencia: si el niño está enojado, el niño no funciona. No está dando a entender que a sus pucheritos, su bronca por no hacer un gol en el último mundial más que la tristeza por la eliminación, las gambetas que terminan en nada aún cuando había varias opciones de pase, los tiros libres pateados sin concentración, hay que tomarlos como el mensaje de quien no tiene la personalidad para decirlo antes los micrófonos, la misma personalidad que le falta para hacerse cargo, aquí y allá, del equipo: Messi grita en silencio que él juega en euros, no en pesos argentinos. Así que, como diría un amigo, no insistamos más: es al pedo empujar cuando es corta.
El Ninja de la gente